
Esta historia empieza un día no cualquiera, narra algo del destino de un joven capitalino que vivía de disfrutar las pequeñas cosas de la vida.
Su nombre era Andrés, un joven de 19 años que fantaseaba con su mundo, un mundo que permanentemente reinventaba en sus dibujos, un joven que siempre decía las cosas cuando le nacían y que tal vez este era su mayor defecto que finalmente se transformó en su mayor virtud.
Su nombre era Andrés, un joven de 19 años que fantaseaba con su mundo, un mundo que permanentemente reinventaba en sus dibujos, un joven que siempre decía las cosas cuando le nacían y que tal vez este era su mayor defecto que finalmente se transformó en su mayor virtud.
Una noche Sabatica en la oscura Bogotá de las 8:15 p.m para ser exactos. Las calles capitalinas sirvieron de luz multicolor en la rutina de Andrés, no sabía que esa noche iba a ser una de las mejores noches de su vida, momentos de altibajos al pensar que será de esta noche hicieron que se sintiera cada minuto más ganas de que llegara el encuentro tan esperado, dos horas de atrazo intensificaron el sentimiento, el corazón late a mil por un encuentro que transformaria de por vida su existencia, tras tres intentos, por fin entramos mi gran "corazón latiente" de buena vibra y yo, a un lugar lleno de nuevas experiencias en diferentes formas, una escalera a blanco y negro desde el principio decía que la noche iba a ser de cambios.
